En esta foto están María e Irene más contentas que unas pascuas el fin de semana de su cumpleaños (26-29 Marzo). Lo que veis al fondo son un montón de palmeritas y una de las bonitas calas del pueblo de Anjuna, al norte del estado de Goa.
Aunque Goa tenga fama de paraíso decadente para hippies y fiesteros, a nosotros nos ha parecido una auténtica maravilla, un lugar desde el que no se escuchan los cláxones de los coches y al que no llega el olorcillo a polución. Goa está preparada para el turismo, pero no tiene nada que ver con el concepto de pueblo de veraneo que os puede venir a la cabeza. No hay grandes hoteles, sino pequeñas habitaciones o chozas en la playa, y nada de paseo marítimo, caminitos de arena frecuentados por vacas y otros bichitos.
En Goa puedes estar todo el día tomando batidos y zumos de frutas buenísimos y un coctel al más estilo caribeño te cuesta menos de un euro. Para que os hagáis una idea, puedes dormir por 100 rupias al día a pie de playa (menos de 2 euros) y alquilar una moto para recorrerte todas las playas por menos de 200 rupias (unos 3 euros). Una gozada para los bolsillos pobretones occidentales.
Nosotros hemos tenido que repetir. La primera vez fuimos al norte, que tiene fama de ser un lugar más fiestero y con playas menos tranquilas.

Las playas preciosas, el pescado muy rico y la ropa tan bonita y tan barata que de los nervios al final no me compre casi nada. Y con lo miedosa que soy yo, tengo que reconocer que el paseíto en moto entre palmeras, charcas y puentecitos del día siguiente al accidente (imaginaros lo que me costó atreverme), merecía todo el riesgo que conllevaba. No podíamos irnos de Goa sin pasear en moto como todo buen guiri.
Esta vez hemos ido a ver a Javi, Jorge y Antonio, que llevaban allí ya 10 días poniéndose morenos como tizones. Hemos estado en el Sur, en un pueblito que se llama Palolem. Para llegar desde
Otro lugar digno de mención es el SILENCE NOISE, una discoteca pub al aire libre sobre un pequeño golfo que entra en el mar. Llegas y no hay música, hay una pantalla y un montón de gente bailando como locos. Tienes que alquilar unos cascos y elegir entre tres canales con música diferente. Según el canal que elijas se enciende una lucecita en tu casco, para que sepas quien está escuchando la misma música que tú. Muy muy curioso el lugar, pero absolutamente lleno de guiris. Y el paseo por la playa, de vuelta a nuestro “hotel”, sin luces y con la marea baja baja fue unos de los recuerdos más bonitos de Goa. (Quitando el momento en el que creí que venía un perro hacia nosotras y salí corriendo, pisé a María, me tropecé y me cargué mis preciosas chanclas de 50 rupias= 80 céntimos, quedando humillada y sintiéndome un poco pardilla por mi obsesión con el ataque de los perros sarnosos)
LA EXCEPCIÓN QUE CONFIRMA LA REGLA
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